últimamente las cosas me señalan hacia el otro lado del charco, a regresar a ese lugar al que llaman Argentina. Empiezo a olvidar el "dolorsito" en el estómago que me entra cuando escucho a alguien hablar de la Pampa, de los tangos, o de los alfajores... Pero lo que más echo de menos, sin duda, es a mi amiga Kar.
Karle. A la que siempre presento en mis conversaciones de la misma forma, "mi amiga, la que conozco desde que éramos enanas, la que se casó con un argentino y está allí viviendo.." y desde hace poco más de un año he ampliado su carta de presentación y añado "... y tiene una niña, Lola..". Bueno, pensaba en ella, en lo que fuimos, y en lo que nos hemos convertido. Puede que sea la amiga más antigua que tenga, la única que haya conocido todas mis etapas (sí, la de bacala también) y de las pocas que haya crecido con el forjamiento (de dice así?) de mi caracter. Y yo con el suyo.
Mi primer cine fue con ella. La princesa prometida, en los cine Azul de Gran Vía. Qué tendríamos, 7 u 8 años? una eternidad, sí. Luego ibamos a su casa a jugar a un juego muy muy divertido -que no he podido jugar con madie más-. Los Mantos. El juego era sencillo. Cogíamos el cajón de pañuelos de su madre y nos los poníamos encima a modo de disfraz. Era divertido porque cada día era una historieta diferente a improvisar. Yo siempre me pedía la chica... y ella no se quejaba. Luego maduramos, y pasamos a jugar a Oliver y Wenji, pero con nuestras propias reglas (que me voy a reservar).
Nos parecíamos mucho (antes) fisicamente, más tarde ella empezó a desarrollarse como pivón y yo como del montón, pero recuerdo aquella vez que fuimos a Juvenalia y nos pintaron una mariposa de purpurina verde en la cara. Felices, nos creíamos iguales, pero el otro día encontré la foto, y sinceramente... distamos mucho.
Mis primeras pellas igualmente fueron con ella, cuando nos apuntamos al Holliday Gym. El levantamiento de Donuts y Helados en la plaza de los cubos nos parecía suficiente esfuerzo para nuestro ejercicio diario. Nuestros primeros llantos también fueron juntas, y es que su baño era muy acogedor para echarnos unas lagrimitas. No se por qué, pero nuestras confesiones más íntimas las hacíamos en esa estancia de la casa.
Lo que más añoro de K es ver esas arruguitas en los laterales de los ojos que le salen cuando se ríe, los buenos consejos que me da , que se acuerda (siempre) de mi cumpleaños, y que no me juzga. Su incondicionalidad.
Echo de menos a mi amiga Kar, la que conozco desde que era cani. La que se casó con un argentino, se fue allí a vivir y tiene una hija.