El lunes empecé a reconciliarme con el altillo de La habitación de la Plancha, también llamada La Habitación de la Abuela, de la casa de mi madre. Donde guardamos los adornos de navidad. Es como el armario de Alicia en el país de las maravillas, cada año se vuelve más pequeño, y eso que todas las navidades se rompe una bola. Pero cada vez cabe menos. Este año es el que más costó cerrar las puertas, sin embargo cuando lo conseguí entendí que yo estaba igual, que había cerrado muchas puertas a presión, y que por ello no era peor armario. Que nos vamos haciendo grandes o pequeños en función de lo que necesitamos, pero las puertas siempre cierran.
viernes, 14 de enero de 2011
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