lunes, 7 de septiembre de 2009

sólo una minúscula calle separaba la buhardilla del campanario de una Iglesia. Las horas entraban por la ventana irrumpiendo en su vida. Hasta que llegó un día en el que aprendió a vivir con las campanas, y nunca más usó reloj.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encannnntan las campanas. Que suerte tiene(s)!!

Anónimo dijo...

Reloj no marques tus horas, mil campanas suenan en mi corazón.

Anoche dijo...

campana sobre campaa-a-na, y sobrecampana la uuuna, asomate a la venta-a-na, veras al niño en la cu-u-na....