Hace (sin exagerar) diez años que no voy al cine de verano. La última vez que fui a uno ya notaba que se iban extinguiendo, así que lo disfruté como si fuera la última vez que estaría en uno.
Me llevé comida, un cojín (porque esas sillas eran muy incómodas) y sandalias, para notar el cesped mientras veía la doble sesión. Porque antes era así, ponían dos pelis. Una película antigua, y otra de estreno. Y la de estreno la ponían la última, para crear expectación. Pues bien, recuerdo aquel día, mi ritual de hacer bocatas, mis zapatitos, mi cojín. Recuerdo que me sentía como cuando me iba de excursión, la gente andaba revolucionada, excitada, sí. Se notaba en el barullo y en los Shhhs continuos, porque acabábamos todos los espectadores haciendo Shh al que había dicho Shh, y era un no parar de Shhhs. Recuerdo las lagartijas y demás bichos pasando por la pantalla (que era una pared pintada de blanco), los intermedios guardando los sitios (porque obviamente no era numerada), las colas en los baños, la relación que comienzas con las personas de las butacas cercanas a las tuyas en los cortes del cambio de la película... Era mucho más que ir a ver una película.
Hoy, tras tantos años, vuelvo a ir a un cine de verano. No se la película, no se si habrá cesped, si se proyectarán dos, si habrá lagartijas... Pero voy a volver a hacer aquel ritual. Y estoy nerviosa, emocionada, excitada.
martes, 25 de agosto de 2009
la lagartija sobre el León
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4 comentarios:
al final no fuiste por lo de la lagartija, no?
claaaaaaaro (lease voz kiko). pero el lunes vuelvo...
en Toledo tb hay cine de verano, cuquita
necesito ir al cine de verano de toledo. Bueno, realmente necesito ir a todos los cines de verano de todas las ciudades del mundo!
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