Era la primera vez tras un año que me enfrentaba a ello. A volver. Y no con la frente marchita como temía. Cada minuto allí me ayudaba a olvidabar la razón de la tardanza de mi regreso. Y es que esa isla te agarra y es imposible darle esquinazo.
Me han faltado muchas cosas por hacer, mucha gente a la que ver, pero un par de días con las niñas mallorquinas equivalen a una tableta de antidepresivos o a una buena ración de chocolate merengado.
foto de familia
2 comentarios:
Jajjaja... también en el blog??? No me estraña, la verdad que la foto tiene telita, es para difundirla. Vuelve pronto que tb para mi es chocolate. MUacks!!!!
volverééé porque me ha sabido a tan poco....
Publicar un comentario